Despegué de Madrid el viernes día 2 de Agosto por la noche, en la maleta metí, entre otras cosas, algo de nervios y mucha ilusión. Llegué a Dubai el sábado por la mañana y me esperaron seis horas, de tiempo muerto, para embarcar dirección a Bombay. Me encantó el aeropuerto porque acoge a una diversidad increíble de culturas y religiones: chinos, japoneses, italianos, musulmanes, españoles, suizos... hasta pude ver a dos americanos ¡con sombrero de tejano incluido! Aquí ya me subo al avión con algunos nervios más de los que ya llevaba y después de tres horas por fin aterrizo en Bombay ¡que guay! ;)
Lo primero que se ve en el avión cuando estás aterrizando son los slums (chabolas) que hay junto el aeropuerto, así que la primera impresión de la India es su pobreza. Los siguientes impactos son: mucha humedad, noto que me miran bastante y que hay un fuerte olor. Me vienen a buscar en coche y tenemos por delante 6 horas de viaje hasta Surat. El tráfico aquí es horroroso, los coches no paran de pitar y al principio no entiendo muy bien porqué hasta que comprendo que no usan los espejos retrovisores así que se avisan unos a otros de que van a pasar utilizando el claxon a diestro y siniestro.
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| Tráfico en Bombay |
Por el camino paramos a descansar un poco y para tomar un té. Mi primer té en la India, siguiendo la costumbre, lo derramo en plato y lo bebo así. Aprovecho para ir al baño y por su puesto es una letrina sin papel higiénico. Aquí tienen un grifo para limpiarse y una jarra que sirve de cadena. Seguimos el viaje y llegamos a Surat y lo primero que veo en esta ciudad son tres vacas enormes en medio de la carretera que esquivamos tan normales y seguimos hasta nuestra casa donde me reciben Bea y Jesús.
